Solo la firma de un acuerdo con las autoridades venezolanas separa a la marca china de automóviles Great Wall de la instalación de una planta productora de vehículos en el país, donde los asiáticos esperan ensamblar al menos unas 22.000 unidades anuales.
Se pensaba que el convenio ya había sido firmado en el pasado mes de julio, pero no es así, para concretar el negocio el gobierno venezolano está esperando la prometida visita del premier chino Ju Jintao, ya que la negociación es parte de un convenio de cooperación económica – social entre ambos países.
Los equipos necesarios para ensamblar la planta llegaron en julio al país, tal y como lo planificaron las partes involucradas, la ubicación de la misma es la antigua fábrica de autobuses Titán en el Estado Carabobo, específicamente en Guacara.
Según algunas informaciones extraoficiales, la ingeniería civil de la planta esta concluida, solo se espera la firma del convenio oficial para y los respectivos permisos por parte de los ministerios de Comercio y de Ciencia, Tecnología e Industrias Intermedias, para iniciar el montaje de las piezas que conforman la maquinaria productora de vehículos.
Ciertamente, el ensamblaje de estos vehículos en Venezuela favorecerá la economía del país y el bolsillo de los venezolanos, pues los costos de producción de los vehículos asiáticos descenderán considerablemente, haciéndolos aun mas accesibles para los habitantes de la región.
Esta planta forma parte de un par de expansión de la marca de vehículos china en Latinoamérica, son cinco plantas en distintos países de la región las que Great Wall espera poner en funcionamiento en corto plazo.
Great Wall no es la única compañía automotriz asiática que establecerá una planta de ensamblaje en Venezuela, pues Dong Feng y JAG ambas productoras de vehículos de carga, también cuentan con proyectos aprobados en el marco del mismo tratado de cooperación comercial entre China y Venezuela.

El éxito que muestran estas cifras de producción ha de ser llevado con calma por la empresa nipona ante la posibilidad de que el gobierno norteamericano, en año electoral, establezca como en el pasado medidas restrictivas a los fabricantes de autos de origen japonés.






