Esta semana acudimos al por décima vez en el año al concesionario Toyota donde nos anotamos en una lista de espera para adquirir un vehiculo Toyota Prado a.k.a Merú que costaba unos 50 millones a mediados de abril cuando nos inscribimos en la lista.
Nos dijeron que deberíamos esperar unos 8 meses y como estos estaban próximos a cumplirse nos acercamos para ver si ya podíamos empezar a hacer los tramites para la compra. La ‘sorpresa’ fue que nos dijeron que deberíamos esperar más o menos hasta marzo del año que viene “si acaso”.
El negoción que tienen con la Merú y cualquier vehiculo con lista de espera (toda la gama toyota tiene lista de espera) es que a penas sale del concesionario el vehiculo se revaloriza unos 10, 20 ó 30 millones por encima de su precio original y me imagino que quienes dirigen estas agencias preferirán venderlas “al mejor postor” que a los incrédulos que nos anotamos en listas.
Nadie hace nada por aclarar las dudas de los clientes, nadie interviene para resguardar las listas y cuando vamos a preguntar si estamos ya cerca nos tratan cual niños de colegio en cantina.
El precio de la Merú va ya por 65 millones dentro y unos 80 o 90 fuera. Seguiremos esperando.








